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Consejos útiles para la empresa

2026 no va de implementar más herramientas, sino de usarlas mejor

Durante la última década, los departamentos de Recursos Humanos han vivido una expansión constante de soluciones tecnológicas. Sistemas core, portales del empleado, módulos de desempeño, plataformas de aprendizaje, herramientas de people analytics o aplicaciones basadas en inteligencia artificial para selección y movilidad interna. La promesa siempre ha sido la misma: más eficiencia, mejores decisiones y una experiencia más coherente para las personas.

Sin embargo, al acercarnos a 2026, muchas organizaciones empiezan a asumir una realidad menos cómoda. El problema ya no es la falta de tecnología. El problema es la acumulación sin una lógica clara de uso.

Hoy existen empresas con stacks de RRHH muy avanzados, con soluciones como SAP SuccessFactors, plataformas de formación externa o capas de analítica, que, aun así, generan más confusión que claridad. No porque las herramientas no funcionen, sino porque no siempre se utilizan con un criterio compartido.

Cuando la tecnología deja de simplificar

Datos de Gartner indican que las grandes organizaciones utilizan de media entre nueve y dieciséis herramientas distintas vinculadas a RRHH. En teoría, esta diversidad debería cubrir todo el ciclo de vida del empleado. En la práctica, muchas veces introduce fricción.

Procesos que empiezan en un sistema y terminan en otro. Datos que existen, pero no se conectan. Managers que no saben dónde hacer qué. Empleados que perciben la tecnología como un trámite más, no como una ayuda real.

Cuando esto ocurre, los equipos de RRHH acaban dedicando una parte creciente de su tiempo a coordinar plataformas, aclarar procesos y resolver incidencias, en lugar de centrarse en el acompañamiento, la toma de decisiones y el impacto en el negocio.

El problema no es la herramienta. Es la falta de diseño global del ecosistema.

La adopción, el gran reto silencioso

Los estudios de McKinsey llevan años señalando que cerca del 70% de las transformaciones digitales no alcanzan los resultados esperados, principalmente por problemas de adopción. En RRHH, esta realidad es especialmente evidente.

Muchas organizaciones cuentan con módulos avanzados de desempeño, desarrollo o analítica, incluidos los que ofrecen suites consolidadas como SAP SuccessFactors, que están infrautilizados o se usan solo de forma superficial. No por falta de potencia, sino porque no siempre encajan con la forma real de trabajar.

La consecuencia es conocida: procesos oficiales que conviven con soluciones paralelas, decisiones que se toman fuera del sistema y una sensación generalizada de que la tecnología “está ahí”, pero no termina de ayudar.

2026: de stacks tecnológicos a ecosistemas funcionales

De cara a 2026, el foco empieza a desplazarse. Ya no se trata de sumar más herramientas, sino de ordenar, simplificar y sacar partido a las que ya existen.

Un ecosistema de RRHH funcional no se define por el número de módulos, sino por su coherencia. Parte de procesos claros antes de automatizar. Prioriza integraciones que tengan sentido operativo, no solo técnico. Piensa la experiencia desde el punto de vista del usuario final, no del administrador del sistema. Y utiliza los datos para apoyar decisiones reales, no solo para generar dashboards.

En este sentido, muchas de las evoluciones previstas para 2026, como el mayor peso de la IA aplicada a recomendaciones de desarrollo, la analítica predictiva en rotación o la personalización de la experiencia del empleado, solo aportarán valor si se integran en una arquitectura sencilla y comprensible.

El papel de RRHH (y de quienes acompañan la tecnología)

Este contexto redefine también el rol de RRHH y de la consultoría tecnológica especializada. El valor ya no está solo en implantar sistemas, sino en ayudar a decidir.

Decidir qué procesos merece la pena digitalizar y cuáles conviene simplificar antes. Decidir qué datos son realmente útiles para managers y dirección. Decidir cómo convertir plataformas como SAP SuccessFactors, soluciones de formación o herramientas de adopción digital en palancas reales de cambio, y no en capas adicionales de complejidad.

En 2026, las organizaciones buscarán menos “implementadores” y más socios con criterio, capaces de conectar tecnología, cultura y negocio.

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